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Juan Ramón Jiménez y el alma de oro de Zenobia Camprubí

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Juan Ramón y Zenobia

Mientras que yo te beso, su rumor
nos da el árbol que mece al sol el oro
que el sol le da al huir, fugaz tesoro
del árbol que es el árbol de mi amor.

No es fulgor, no es ardor y no es altor
lo que me da de ti lo que te adoro,
con la luz que se va; es el oro, el oro,
es el oro hecho sombra: tu color.

El color de tu alma; pues tus ojos
se van haciendo ella, y a medida
que el sol cambia sus oros por sus rojos

y tú te quedas pálida y fundida,
sale el oro hecho tú de tus dos ojos
que son mi paz, mi fe, mi sol: ¡mi vida!

 

Hace unos meses que me encontré con este soneto de Juan Ramón y me dejó maravillado. Llevaba desde entonces queriendo compartirlo con vosotros y no encontraba nunca el tiempo que hoy encuentro.

El soneto pertenece al libro De ríos que se van, altamente recomendable. Juan Ramón lo escribe  en Puerto Rico mientras están tratando a Zenobia , en Boston, del cáncer que, desgraciadamente, no logró superar. Es un libro, por lo tanto, escrito en soledad y desde la distancia, agravada por la incertidumbre de la grave enfermedad. En ese trance, que puedo imaginar durísimo, el poeta es capaz de cantar al amor de su amada en estos términos, tan hondos, tan bellos.

Conociendo este soneto de amor crepuscular, de una brillantez extraordinaria, uno no puede sino preguntarse cómo es posible que siga circulando esa leyenda negra, ridícula, que cuenta, no se sabe muy bien con qué fuentes, que el amor de Juan Ramón por Zenobia fue oscuro, insano o incluso que llegara a los malos tratos.  

 

Juan Ramón Jiménez y su sabiduría

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Juan Ramón Jiménez

No dejes ir un día,
sin cojerle un secreto, grande o breve.
Sea tu vida alerta
descubrimiento cotidiano.
Por cada miga de pan duro
que te dé Dios, tú dale
el diamante más fresco de tu alma.
Con qué sencillez, desnuda de toda retórica, expresa Juan Ramón esta verdad tan importante. Ojalá la tengamos siempre en cuenta.

Juan Ramón y la tristeza del campo.

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TRISTEZA DEL CAMPO

Tristeza dulce del campo.
La tarde viene cayendo.
De las praderas segadas
llega un suave olor a heno.
Los pinares se han dormido.
Sobre la colina,el cielo
es tiernamente violeta.
Canta un ruiseñor despierto.
Vengo detrás de una copla
que había por el sendero,
copla de llanto aromada
con el olor de este tiempo;
copla que iba llorando
no sé qué cariño muerto,
de otras tardes de septiembre
que olieron también a heno.

He estado leyendo esta mañana este poema de Juan Ramón y me ha parecido precioso en su sensualidad: sus olores, sus colores, esa melodía de la copla que va sonando… es un poema que mueve los sentidos. De verdad que es bonito.

Juan Ramón Jiménez

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Juan Ramón Jiménez

EL VIAJE DEFINITIVO

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando:
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Aquí os dejo estas palabras de Juan Ramón, cargadas de un lirismo intenso. Espero que os gusten tanto como a mí.